Saturday, November 25, 2006
Factores de riesgo
Lic. María Teresa Gómez de GiraudoLicenciada en psicología. Profesora titular de Psicosociología del Aprendizaje en la Maestría en Docencia Universitaria - UTN. Profesora titular de Psicología Sanitaria de la Licenciatura en Psicología – USAL. Profesora titular de Tecnología Educativa I de la Lic. en Tecnología Educativa - UTN. Profesora titular del Seminario de Orientación II en la carrera de Psicología - USAL.
I.- INTRODUCCIÓN
Las adicciones, la violencia, las formas clínicas del malestar de hoy; como la depresión, con un incremento significativo del suicidio; las crisis de ansiedad y angustia, los trastornos de la alimentación y otros constituyen los indicadores patológicos de la actualidad.
La infancia, la adolescencia y la tercera edad, son los grupos etáreos más vulnerables, y se encuentran inmersos en un sistema de salud marcado por el avance de la ciencia y sus aportes asombrosos, pero, paradójicamente, con el riesgo de excluir al sujeto mismo, a quien van dirigidas sus acciones. Un sistema que en su búsqueda de excelencia, eficacia y eficiencia, a menudo queda acotado a sólo lograr mayores beneficios y menores costos económicos.
La extensión de la cobertura, en materia de asistencia se hace un objetivo cada vez más utópico tanto por la magnitud del daño en las distintas patologías, como por la gravedad que cada una implica.
Frente a este panorama, pareciera que la prevención primaria es la que aparece como solución más viable. Las que siguen son algunas reflexiones que pretenden ser útiles para enmarcar acciones preventivas en general, pero más específicamente en período de la adolescencia.
Hablar de prevención de todos estos trastornos implica un análisis de las variables que intervienen en su generación. En relación a ellas debemos hablar en términos de FACTORES ORIGINANTES, que influyen en el desarrollo del fenómeno y no de "causas" en sentido estricto.
Estos factores varían enormemente en función de la persona y del contexto social. A algunas personas les afectan y enferman y, otras pueden enfrentarlos sin sucumbir.
La mayor parte de los factores que citaré a continuación y que generalmente se clasifican en sociales e individuales son inespecíficos, es decir, pueden llegar a generar cualquier comportamiento deletéreo para la salud.
Intentaré analizar, para comprender de qué manera el contexto afecta la subjetividad y cuáles son los mecanismos y los determinantes a través de los cuales el sujeto responde con conductas que afectan su salud. Este análisis aparece como condición necesaria para abordar cualquier acción de prevención primaria o promoción de la salud durante la adolescencia.
II.- ALGUNOS CONCEPTOS BÁSICOS
Antes de comenzar es conveniente aclarar desde qué marco teórico general se abordará el análisis. Lo haré desde un marco integrador psicodinámico - sistémico – cognitivo –y orientado a la prevención.
A partir del mismo, considero al adolescente como miembro de un sistema familiar y social (funcional o disfuncional) que lo condiciona (no determina) en su proceso de socialización, permitiéndole incorporar valores, creencias, modalidades afectivas y cognitivas, a partir de las cuales, va a construir su subjetividad.
Si centramos la mirada en este sujeto, observamos que, como persona está inmerso en un sistema jerárquico de otros sistemas (el de sus relaciones bipersonales, el familiar, el comunitario, el sociocultural) y conformado, a su vez por subsistemas (Sistema Nervioso, sistemas orgánicos, tejidos, células). Como resultante de esta jerarquía, y en base a la comunicación, es que se establece una estructura de relaciones que configuran un patrón de respuesta al que llamaremos respuesta emergente. Este sujeto, así contextuado, ha tenido experiencias diversas en el curso de su vida, las que interpreta y comprende sobre la base del mismo proceso de socialización y a partir de las posibilidades que le ofrece su sistema neurobiológico.
Es así que si queremos intervenir preventivamente, el trabajo tendrá que estar orientado a los factores individuales y sociofamiliares, que generan vulnerabilidad ya que estos serán los que marcarán luego, en la adolescencia, el tipo de respuesta entendida como conducta de riesgo que los jóvenes asumirán.
Estas conductas de riesgo significarán lo esencial del trabajo de prevención, ya que son las que exponen a los adolescentes a perjuicios graves para su salud como ser el tabaquismo, el alcoholismo, la drogadicción, el suicidio, los accidentes, la delincuencia, la violencia, la anorexia – bulimia, el embarazo adolescente, las enfermedades de transmisión sexual, el fracaso escolar, la fuga del hogar y los episodios depresivos.
III.- FACTORES INDIVIDUALES: CONDUCTA DE RIESGO
Tenemos entonces que esas respuestas emergentes (violencia, droga, embarazo, suicidio, etc.), en términos de comportamientos concretos, se van a vincular a tres grupos de factores:
1) LOS PERSONALES: Como su historia personal; sus modos de resolver situaciones infantiles de conflicto; su programa neurobiológico; la utilización de determinados mecanismos habituales de defensa frente a situaciones desestabilizadoras de su identidad, etc.
2) LOS PRECIPITANTES: Como la percepción subjetiva del impacto de las experiencias que le toca vivir; la capacidad de afrontamiento con que se maneja; el grado de capacidad y flexibilidad cognitiva para la resolución de problemas, etc.
3) LOS DE CONTEXTO: Como la existencia o no de redes de apoyo solidario con que cuente; el nivel de integración yoica; la capacidad para diferenciar lo real de lo imaginario y para procesar la información de manera coherente.
La interacción de todos estos aspectos va a determinar la peculiar manera en que cada adolescente resolverá qué grado de riesgos asumirá en sus respuestas adaptativas.
Cabría preguntarse porqué tantos adolescentes adoptan conductas de riesgo que ponen en peligro su salud y hasta su vida. Hay distintas explicaciones:
· Por un lado, tiene que ver con que no siempre perciben el riesgo como tal. Por una característica evolutiva propia de este período: el egocentrismo, ellos fantasean "historias personales" en las que no se perciben expuestos a ningún riesgo. Estas historias anulan en ellos el principio de realidad y los llevan a actuar como si esta no existiera o no importara. Tienen una sensación de invulnerabilidad que los hace sentirse inmunes. Es un sentimiento que los lleva a sentirse diferentes y mejores que los demás y, además, especiales: "a mí no me va a pasar"
Es decir que uno de los factores de riesgo de más peso en este período, es, justamente, la misma conducta de riesgo propia de la adolescencia.
· Por otro lado, parecería que existen ciertos rasgos de personalidad que caracterizan en buena medida a las personas que buscan riesgos. Estas personas:
· necesitan estimulación permanente y buscan la novedad, la aventura
· poseen un elevado nivel de actividad, energía y dinamismo (se los podría visualizar como hiperkinéticos)
· tienen dificultad para controlar sus impulsos
· necesitan demostrar que son pensadores independientes y que pueden resolver sus propios problemas
· rechazan los planes a largo plazo, prefiriendo responder rápidamente a cada situación sin previo análisis
· tienden a comprometerse en ciertas conductas, aunque sepan que es probable que resulten en consecuencias negativas
Hay algunos autores que entienden que las conductas de riesgo cumplen un papel positivo muy importante en el tránsito de la adolescencia a la etapa adulta, en la medida que pueden ser funcionales para:
· lograr la autonomía de los padres
· permitir cuestionar normas y valores vigentes
· aprender a afrontar situaciones de ansiedad y frustración.
· poder anticipar experiencias de fracasos
· lograr la estructuración del self
· afirmar y consolidar el proceso de maduración
Según esto las conductas de riesgo no serían totalmente negativas. Lo que sería necesario discriminar es cuándo una conducta de riesgo pone al adolescente en situación de riesgo. Entonces, ¿cuándo un adolescente está en riesgo?
· Cuando esa conducta lo lleva a poner en riesgo su salud o su vida
· Cuando sus comportamientos afectan la integridad o ponen en juego la vida de los otros.
Donar un órgano para salvar a un familiar, alistarse como voluntario para ir a la guerra, morir por salvar a otro, pueden ser actos de sano heroísmo que no ponen al adolescente en situación de riesgo. Muchas de las conductas arriesgadas de los jóvenes y las travesuras que a veces dan dolores de cabeza a la familia, en la medida que no cumplan con las condiciones antes mencionadas, tampoco lo son. Pero morir por sobredosis, matar a la novia de 113 puñaladas, asesinar a una religiosa de su colegio o al padre en un rito esotérico (elementos estos que nos proporciona la crónica periodística), no tiene la misma lectura.
¿Qué diferencia más operativa podríamos establecer entonces entre una conducta de riesgo propia de la adolescencia y estos hechos aberrantes?
Siguiendo a Casullo (1996) la diferencia estaría en que estos jóvenes de la crónica policial no estaban:
· decidiendo con libertad sobre su vida
· ajustando su conducta al principio de realidad
· adaptándose activamente, con sus acciones, al contexto sociocultural
· convencidos, a nivel conciente, que lo que hacían era congruente con su sistema de creencias o valores.
Es decir que desde lo individual, desde lo subjetivo, serían respuestas emergentes ligadas a trastornos de personalidad relacionados con baja autoestima, sentimientos de tristeza, soledad, aislamiento, impulsividad, etc. que, sumados a esa conducta de riesgo habitual en la adolescencia, configuran un patrón de respuesta patológico.
IV.- FACTORES SOCIALES: FACTORES DE RIESGO
Ahora bien, veamos qué papel juega lo social en todo esto. En principio asumamos que todo riesgo supone siempre una perspectiva vincular, ya que toda acción humana tiene un destinatario. (Aún el suicidio que podría considerarse como la conducta humana más autoagresiva y solitaria, lleva un mensaje dirigido a un "otro").
Es decir que toda conducta social nos lleva a considerar estos factores que incluyen variables tales como la familia, el grupo de pares, el papel de los medios de comunicación, las normas y los valores y las creencias del contexto sociocultural en el que se vive, etc.
Que los modelos parentales desempeñan un papel trascendental; que las redes de apoyo afectivo y la aceptación de los "otros significativos", generan una menor vulnerabilidad al consumo de drogas o a tener una iniciación sexual muy temprana, también está demostrado.
Son también conocidos los estudios que muestran el enorme efecto del grupo de pares sobre los comportamientos de riesgo. El grupo, para el adolescente, lleva implícito un mandato:...¡ se como nosotros ¡. Y generalmente es el que incita y facilita conductas de riesgo.
Lo mismo podríamos decir del peso de los modelos que ofrecen los medios de comunicación social, especialmente la TV.
Pero más que de estos factores, en los que no soy especialista y que se describen en toda la literatura sobre el tema, me gustaría realizar una pequeña reflexión sobre el estrés psicosocial a que estamos sometidos todos en nuestra sociedad y cómo afecta al adolescente.
Los estímulos sociales han cambiado notablemente en los últimos años. Estamos inmersos en una sociedad caracterizada por la vertiginosidad de los cambios y por el pasaje de una modalidad de expectativas tradicionales, a un mundo laboral regido por la competencia y la incertidumbre.
La rapidez de los cambios nos obliga a un estado de permanente tensión, de alerta, para poder adaptarnos y que los cambios no nos superen.
El surgimiento de la empresa privada, centrada en la competitividad, característica de nuestra época, trae consigo ventajas como el aumento de la producción, y derivaciones que llevan a los llamados países del primer mundo al enriquecimiento económico; al aumento del producto bruto interno y del ingreso per cápita; pero también desventajas ya que estas características, y por las exigencias a que somete a los individuos, ha devenido directa o indirectamente en el aumento de la drogadicción, la violencia, el alcoholismo, la delincuencia, el suicido y todas las patologías sociales que mencionábamos al principio. Nosotros, si bien no pertenecemos a este rango de países, al tratar de importar el modelo, también importamos sus desventajas.
Es decir que la receta económica intenta arreglar cosas por un lado y las desarregla por otro. Hace que la forma de vivir y pensar, cambien. Los objetivos de vida pasan a centrarse en el LOGRAR Y EL CONSUMIR. Esto constituye un llamado de atención, ya que: el que no vive como piensa, corre el riesgo de terminar pensando como vive.
Es decir que lo social afecta nuestras estructuras de identidad, nuestro self y terminamos, sin quererlo siendo agentes multiplicadores de un modelo negativo y, lo que es más grave transmitiendo a los niños y jóvenes los disvalores que lo acompañan.
El choque cultural, la urbanización, la pérdida de valores, el sentimiento de marginalidad y la pobreza (factores relacionados con una crisis de identidad) que afectan a muchos jóvenes, se asocian con las situaciones de estrés planteadas antes, y agravan también las consecuencias.
En síntesis, en pos de adaptarse a la sociedad, la gente disfruta menos, y necesita apelar a recursos que lo estimulen para divertirse, y, al mismo tiempo le permitan sobrellevar el ritmo al que se someten. Y si no pueden hacerlo, se deprimen y se enferman y, a veces, actúan su patología.
V.- CONCLUSIÓN: RESILIENCIA
Vemos entonces cómo la interacción de factores de riesgo (patogénicos), hace imprescindible el estudio de los mismos, para prevenirlos. Pero también es necesario analizar su contraparte, los llamados "factores protectores" (que son salugénicos). Estos, a diferencia de aquellos que responden al modelo epidemiológico, ponen el énfasis en la promoción de la salud.
Los factores protectores facilitan el logro o el mantenimiento de la salud y pueden encontrarse en las personas mismas, en las características interaccionales del microambiente (familiar, escolar, etc.) y/o en las instituciones de la comunidad (educación, trabajo, iglesia, asociaciones, etc.).
Se observa creciente interés en los últimos años por el estudio de la capacidad de reacción que pueden desarrollar algunos niños y adolescentes, cuando están expuestos a situaciones difíciles o agresiones. Estos, muchas veces, logran sobrepasar niveles de resistencia y terminan con más energía protectora que antes de la exposición a las situaciones adversas.
Esta capacidad de recuperación se ha denominado "resiliencia", es una palabra inglesa, proveniente del campo de la Física que alude a la propiedad de los cuerpos elásticos de recobrar su forma original, liberando energía cuando son sometidos a una fuerza externa. Sería algo así como "capacidad de rebote".
Es un concepto opuesto al de riesgo, o complementario de él. En lugar de poner énfasis en los factores negativos que permiten predecir quien va a sufrir un daño, se trata de ver aquellos factores positivos que, a veces sorprendentemente y contra lo esperado, protegen a un niño o un adolescente.
Este interés en descubrir los factores resilientes va unido a la jerarquización de las acciones de promoción de la salud y a la búsqueda de intervenciones o actividades que, en lugar de prevenir daños específicos, tiendan a mejorar las condiciones de vida.
Particularmente pienso que este objetivo es bastante difícil de lograr, teniendo en cuenta a poca importancia que aún se le da al campo de la prevención y promoción de la salud; pero no imposible. Por lo pronto se podrían encarar acciones preventivas y de promoción de la salud, centradas en los factores que generan resiliencia que ya están identificados, como por ejemplo:
· La existencia de redes informales de apoyo y, como exponente básico: una relación de aceptación incondicional del niño o el adolescente en cuanto persona, por al menos una persona significativa. Esta aceptación es, con toda probabilidad la base de la construcción de la subjetividad.
· La capacidad para averiguar algún significado, sentido y coherencia de la vida, en estrecha relación con la vida espiritual.
· Aptitudes sociales y aptitudes resolutivas de problemas, y el convencimiento de tener algún tipo de control sobre la propia vida.
· Autoestima y concepción positiva de uno mismo.
· Sentido del humor, o un clima en el que este pueda desarrollarse.
Finalmente, quisiera repetirles una historia que menciona M. M. Casullo en uno de sus textos y que me parece oportuna para lo que estamos tratando. Dice que una revista de divulgación científica publicada en 1997, relata que un niño austríaco llamado Adolf Hitler fue derivado por su médico de cabecera, Ernest Bloch, a una consulta con su colega Sigmund Freud debido a sus muy frecuentes pesadillas nocturnas en las que aparecían monstruos malignos, caídas en abismos profundos y oscuros, persecuciones en las que inevitablemente era capturado y azotado hasta desear morir. Freud, según investigaciones realizadas por el escritor inglés Marks, con ayuda de Forrester, fue terminante en su apreciación diagnóstica: la patología era severa y eran necesarios la internación y el tratamiento.
El padre de Adolf Hitler se opuso terminantemente al tratamiento. La relación de este con su hijo se caracterizaba por el maltrato y por disfrutar humillándolo.
La crisis psicológica del futuro Führer hizo eclosión cuando entre 1907 y 1908, siendo ya adolescente, no fue admitido como alumno en la Academia de Artes de Viena. El estaba absolutamente convencido de su talento artístico.
Me pregunto si el responsable de la masacre más grave de nuestro siglo.. ¿no habría podido quizá, vivir como un pintor más, con sus angustias canalizadas a través de la producción artística?...¿Habrán sido sus conductas adultas, respuestas desadaptadas, consecuencias de una falta de intervención oportuna?...¿No se podría haber trabajado preventivamente con esos padres, o con la institución educativa?
A lo mejor la historia de la humanidad podría haber sido diferente. No lo sabemos. Lo que este ejemplo pretende destacar es sólo la importancia del diagnóstico, de la prevención y la intervención psicológica oportunos y eficaces.
BIBLIOGRAFÍA
Bakal, D. "Psicología y Salud". Desclée de Brouwer, Bilbao, 1996.
Calderón Narvaes, G. "Salud Mental Comunitaria". Editorial Trillas, México, 1981.
Casullo, M.M. "Adolescentes en riesgo". Editorial Paidós, Bs. As., 1998.
Desjarlais, R. y otros. "Salud Mental en el mundo". OPS, Washington, 1995.
Giddens, A. "Modernidad e identidad del yo". Barcelona, 1986.
Lipovetsky, G. "La era del vacío". Anagrama, Barcelona, 1994.
Madaleno, M. y otros. " La salud del adolescente y el joven". OPS, Washington, 1995.
Obiols A. y Obiols, S. "Adolescencia, posmodernidad y escuela media" Kapelusz, Bs. As., 1995.
Vanistendael, S. "Cómo crecer superando los percances" Secretariado Nacional para la Familia, Bs. As., 1999.
Walsh, F. "El concepto de resiliencia familiar: crisis y desafío". En: Revista Sistemas familiares. Marzo de 1998.
Mandalas
Resumen: Luego de observar el desarrollo de los Adultos Mayores en el Taller de Literatura con tanto entusiasmo y gratificación, decidí incluir en una de clases la Confección de Mandalas.
La misma fue de gran provecho y con resultados que no nos esperábamos, ya que la población con la que trabajamos, llevaba a cabo por primera vez esta experiencia.
“La palabra mandala proviene del sánscrito y significa: círculo. Pensamiento contenido dentro de un círculo; dibujo centrado; todo tipo de imágenes organizadas alrededor de un punto central, que pueden contener múltiples formas geométricas y simbólicas (como los pintados por los monjes tibetanos, ordenados según estrictas normas de composición y referidos a una tradición compleja) o muy sencillos y naturales: un punto en el centro de un círculo, una flor abierta, un sol.
Es un símbolo milenario.
Herramienta de reestructuración, sencilla, concreta, eficaz y al alcance de todos.
Si somos buenos observadores podremos percibir en todo objeto, elemento, estructura, etc. un mandala.
En el mundo vegetal: las flores (rosa, girasol, pasiflora), los árboles, las verduras (pepino, pimiento, tomate), las frutas (manzana, cereza, kiwi).
En el mundo animal: arañas, mariposas, erizos de mar, peces, aves, mamíferos.
En el cosmos: sistema solar, las estrellas y sus satélites, las galaxias.
El mandala es una representación organizada alrededor de un centro.
Presente en todas las culturas, sintetiza de forma simbólica la estructura de la vida misma”.
La confección de los mandalas nos pone en contacto con nuestro mundo interior y nos lleva a que pongamos en práctica la creatividad que en algunas personas se encuentra adormecida.
“Diseñar un mandala es posible para cualquier persona. Todo mandala debe tener las siguientes características: un centro, puntos cardinales que pueden ser contenidos dentro de un círculo y cierta forma de simetría. Los mandalas buscaban reflejar la conciencia universal como fuente de sabiduría y forma de meditación. Psicológicamente los mandalas representan la totalidad de nuestro ser. Reflejan la psique humana, cada persona responde a ellos, instintivamente, más allá de su edad, género, raza, cultura, etc. Estudiado por el psicoanalista Jung, quien descubrió el rol reequilibrante de estas imágenes soñadas o creadas espontáneamente por pacientes en vías de curación. El mandala parece ser la FORMA misma de la VIDA, del crecimiento que propone energía al conjunto. Crear un mandala es retornar a la esencia de cada uno, colorear un mandala es adentrarnos en nosotros mismos, es ir reconociéndonos interiormente como personas, es encontrar por momentos algunas zonas muy ocultas de nuestro ser y poder traerlas a la conciencia, es descubrir que poseemos capacidades y habilidades para obtener más conocimiento en esta vida. Crear un mandala nos permite crear una organización interior en nosotros mismos cuando nos sentimos demasiado cansados o agotados por pensamientos negativos. Crear un mandala nos brindará paz interior cuando nos encontremos en momentos de mucha tensión y angustia en nuestras vidas”.
Decidí llevar la idea de construir mandalas en el Taller Literario para Adultos Mayores que dirijo y que coordina la alumna Marta Romero, nos encontramos con la sorpresa de que cada participante logró dibujar su propio mandala dándole el toque preciso a la situación en la que estaba atravesando.
Me basé en los objetivos que proponen las Lic. Susana Galperín y Ana Inés de Avruj:
Mejorar la atención.
Mejorar la producción de ideas.
Modificar la concentración.
Modificar la memoria.
Aquietar los temores.
Desarrollar la creatividad.
Mejorar la socialización.
Mejorar la comunicación.
Mejorar la tolerancia al dolor.
Las alumnas Marta Romero y posteriormente la colaboración en el diseño de la alumna Liliana Arce, llevaron a unir el trabajo sobre mandalas realizado con los Adultos Mayores de la Universidad Nacional de Quilmes con la teoría del Cognitivismo para la materia Psicología General.
Resiliencia
“Capacidad de los seres humanos de superar los efectos de una adversidad a la que están sometidos, e, incluso, de salir fortalecidos de la situación.
La resiliencia se teje: no hay que buscarla sólo en la interioridad de la persona ni en su entorno, sino entre las dos, porque anuda constantemente un proceso íntimo con el entorno social” (Melillo, Aldo).
“Capacidad de afrontar la adversidad y salir fortalecidos de esa prueba”.
“Se habla de resiliencia individual, familiar, grupal, comunitaria.
Los pilares de la resiliencia comunitaria son:
Autoestima colectiva.
Identidad cultural.
Humor social.
Honestidad estatal.
Solidaridad.
También se habla de: independencia, autonomía, creatividad, iniciativa, pensamiento crítico, capacidad de relacionarse y la independencia” . (Melillo y Suárez Ojeda).
“Promover resiliencia implica la aparición del otro como un ser humano tan legítimo como uno mismo. La resiliencia consiste también en reconstruirse, en comprometerse en una nueva dinámica de vida .” (Vanistendael, S. – Leconte, J.).
“Ser sensible a la adversidad, el dolor o el estrés, la posibilidad de contar con factores que permitan resistir este estímulo para luego ser capaz de construir, utilizando el aprendizaje otorgado por el dolor como una posibilidad para la construcción”. (Kotliarenco, M.A. – Lecannelier, F.).
“Hacer hincapié en las posibilidades y oportunidades podría constituir una valiosa herramienta para la intervención temprana que apuntaría a destacarlas por sobre las dificultades o deficiencias”. Resiliencia y envejecimiento. (Knopoff, R.- Santagostino, L.- Zarebski, G.).
“Resiliencia es la capacidad que presentan algunas personas de superar exitosamente situaciones desfavorables. Algunos factores favorecedores de resiliencia individual son la autoestima, la autoconfianza, los vínculos afectivos amigables, los lugares y personas que posibilitan contención, una visión optimista de la vida, todo lo que favorezca la posibilidad de tomar decisiones en la medida en que el desarrollo personal lo permita (o sea, posibilitar que se tomen deciciones en el período de formación, pero sin obligar a ello), lo que favorezca la libertad en el marco de normas de respeto a cada uno, lo que estimule la clarificación o posibilidad de realización de objetivos de vida en los que el dar y darse sea gratificante, en donde el cooperar con otros sea un valor positivo”.
“Buscar dentro de sí, que le gustaría ser y hacer, plantearse el qué, cómo y el con quién, vincularse con otros, pares o no. El hacer tiene múltiples facetas; cada cual se adscribirá a la que le parezca”.
“Uno de los factores de riesgo principales del deterioro de la calidad de vida en la vejez, es el aislamiento social, ligado a la exclusión y al rechazo. Proponemos a la recreación educativa como una de las metodologías o herramientas que permiten potenciar la capacidad o actitud de resiliencia en los procesos de envejecimiento, ante situaciones vivenciadas por algunos adultos mayores como adversidades”.
“ ... el uso creativo del Tiempo Libre en el Adulto Mayor, pretendemos asegurar las condiciones necesarias para fomentar su desarrollo y la búsqueda de su plenitud, en tanto favorezca el encuentro de la persona consigo misma y con sus potencialidades, a fin de modificar, a partir, de sus condiciones objetivas, las variables subjetivas referidas a su estilo de vida, de modo de incidir favorablemente en su calidad de vida”
A partir de lo expuesto por los diferentes autores, considero importante instalar como activación de la memoria, la confección de mandalas en los Talleres para los Adultos Mayores .
La resiliencia en esta población se da día a día, momento a momento, constantemente, traen inconvenientes del hogar o problemas consigo mismos que no se animan a tratar con los familiares.
El taller para Adultos Mayores suele ser un lugar para desahogarse de algunos inconvenientes.
Una buena manera o técnica a emplear para aliviar estas tensiones y desprenderse de estructuras muy armadas es la de construir y colorear mandalas en forma individual o grupal.
Bibliografía - Marcos Teóricos
BRUNNER, J.S. (1995). Desarrollo Cognitivo y Educación. Actos de Significado. Cap. 2. Editorial Morata. Madrid. España.
DAHLKE, R. (1997). Mandalas. Ediciones Robin Book, S.L. Barcelona. España. (1994) Fundamentos de la Gestalt. Editorial Cuatro Vientos. Santiago de Chile. Chile.
MAYER. Richard E. (1985-1991). El Futuro de la Psicología Cognitiva. Cap. 1, 2, 3, 4 y 5. Alianza Editorial S.A. Madrid. España.
MELILLO, A. – SUÁREZ OJEDA, E.- RODRÍGUEZ, D. (compiladores). (2004). Resiliencia y subjetividad. Editorial Piados. Bs.As. Argentina.b
PRE, M. (2004) Mandalas y Pedagogía. Acercamiento teórico práctico. mtm editores. Barcelona. España.
Taller de Mandalas para la Tercera Edad. Lic. Susana Galperín y Ana Inés de Avruj.
ROJAS, E. (2002). ¿Quién eres?. De la personalidad a la autoestima. Grupo Editorial Planeta, S.A.I.C. Temas de Hoy. Bs.As. Argentina.
SAMUELS, M. ROCKWOOD LANE, M. (2000) Creatividad Curativa. Cómo desarrollar nuestra creatividad oculta para curarnos y curar a otros. Javier Vergara Editor. Bs.As. Argentina.
WILLARD & SPACKMAN. (1998). Terapia Ocupacional. Editorial Médica Panamericana. Bs.As. Argentina.
www.elaleph.com
www.visioninterna.com.ar
Taller de Tercera Edad de la Universidad Nacional de Quilmes.Idea: Lic. en Terapia Ocupacional Silvia Berezin.Coordinadora de los Talleres para Adultos Mayores.sberezin@unq.edu.ar Tel. 4381-0936Coordinadota del Taller de Construcción de Mandalas: Marta Romero.
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Un recurso para la salud
Lunes, 09 junio a las 16:26:00 En los últimos años ha prevalecido, la comprensión del papel de los factores psicológicos y sociales en el proceso salud enfermedad, una óptica más optimista. Al decir de una autoridad en el tema “hasta ahora nos hemos centrado en donde las personas han estado y les ha ido mal, ¿por qué no centrarnos en donde aún no han estado y les puede ir bien?”. Por: Miguel Ángel Roca Perara
En el contexto actual, que implica un predominio del enfoque profiláctico, promocionador de salud, más que “curador” o restaurador, surge el concepto de “resiliencia”, de origen anglófono (resilience), para referirse a la “capacidad de las personas para afrontar y salir airosas y más fortalecidas de las adversidades, así como más plenas de recursos... y sin perder la capacidad de ser un buen ser humano”.
De esta manera, el concepto de resiliencia desafía concepciones fatalistas precedentes como que las adversidades tienen necesariamente efectos devastadores sobre las personas, y que quienes logran vencerlas salen lacerados, endurecidos, resentidos y desconfiados por el amargo episodio pasado, lo que les impedirá en el futuro ser personas que crean en la Humanidad.
Es cierto que las grandes adversidades, que las personas ni desearon ni provocaron intencionalmente, lastiman y laceran al ser humano. A nadie le causa alegría y satisfacción tener una enfermedad crónica invalidante o con riesgo para la vida, perder todos sus bienes en un desastre natural, romper con una pareja con la que se habían hecho importantes proyectos de vida o perder –por enfermedad, emigración o cualquier otra razón– a un ser querido. Pero todos estos, y otros más, son episodios que inevitablemente ocurren en la vida de cualquier persona común y corriente, aunque ninguna lo desee.
Humanamente, todo el que ha estado expuesto a este tipo de acontecimientos ha pagado una alta dosis de sufrimiento, malestar, tristeza o angustia, si no ¡no fuera humano! Por ello, al hablar de ser resiliente no se les pide a las personas una desimplicación emocional, por el contrario, se les “legaliza” la expresión de los lógicos sentimientos que acompañan a las situaciones dolorosas.
Sencillamente se les está convocando a ¡seguir viviendo! y no a seguir simplemente existiendo, como si el mundo hubiese cesado de girar. En este mismo espacio rememoraba en una ocasión las palabras del poeta Fayad Jamis al decir que “con tantos palos que te ha dado la vida y aún tienes el coraje de decir ¡te quiero!”... ¡eso es resiliencia!
No es tarea simple ser resiliente, pero es válido intentarlo no sólo por el bienestar propio, sino también por el de aquellos que nos rodean. Cuando se logra, la vida se valora un poco más. No hay recetarios, pero entre los factores que contribuyen a serlo se encuentran:
Una sólida orientación hacia el establecimiento de relaciones humanas positivas, tanto familiares como de amistades, vecinos y compañeros de trabajo; la construcción compartida con efectivas redes de apoyo social, de las experiencias críticas de la vida, las torna más soportables que cuando se hacen en soledad. Conozco una bella anécdota de un hombre que recién diagnosticado de una agresiva enfermedad le dice a su esposa: ¡qué clase de problema tengo! Y esta firmemente le responde “no tienes, ¡tenemos!”
Una perspectiva positiva para sobreponerse a la adversidad, que implica el mirar a las adversidades como retos o desafíos más que como pérdidas o amenazas; la tenacidad y perseverancia para vencer los obstáculos y frustraciones inevitables de la existencia, con el consiguiente coraje de seguir adelante siempre que exista vida; la confianza en los demás y una filosofía de vida que albergue la clásica expresión de la sabiduría popular de que “mientras hay vida hay esperanza”.
Tener un sistema de creencias, valores y propósitos existenciales –no importa que sean religiosos, ideológicos o simplemente humanísticos-, no exentos de un buen sentido del humor que le den sentido al vivir aún en las peores condiciones.
Posiblemente, al hablar de resiliencia, desde el punto de vista semántico solo estemos hablando de palabras nuevas para referirnos a actitudes tan viejas del hombre como su propia historia. Pero amerita proponerse ser resiliente como valiosa actitud vital... tal vez gracias a actitudes como esta, la Humanidad ha llegado a ser lo que es, después de tantos milenios de existencia.
Tomado de la Sección Salud del periódico Trabajadores
Jovenes y alcohol
Rutter sugiere que la resiliencia se adaptó a las ciencias sociales para caracterizar a las personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanos y exitosos (en Kotliarenco, 1997).
Grotberg la define como “capacidad humana universal para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas o incluso ser transformado por ellas”. La resiliencia es parte del proceso evolutivo y se debe fomentar desde la niñez (en Kotliarenco, 1997).
Vanistendael distingue dos componentes: uno es la resistencia frente a la destrucción; esto es, la capacidad de proteger la propia integridad bajo presión. El otro componente es la capacidad para construir un conductismo vital positivo pese a circunstancias difíciles (en Kotliarenco, 1997).
Para Vanistendael el concepto incluye, además, la capacidad de una persona o sistema social para enfrentar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable.
Fonagy y colaboradores, (en Kotliarenco) en 1994, señalaron que las personas resilientes presentaron en su infancia los siguientes atributos:
a) Nivel socioeconómico más alto.
b) Género femenino en el caso de los prepúberes, y género masculino en etapas posteriores de desarrollo.
c) Ausencia de déficit orgánico.
d) Temperamento fácil.
e) Ausencia de separaciones o pérdidas tempranas.
Como características del medio social inmediato señalan las siguientes:
a) Padres percibidos como competentes.
b) Relación cálida con al menos un cuidador primario.
c) Posibilidad de contar en la adultez con apoyo social del cónyuge, familia u otras figuras.
d) Mejor red informal de apoyo (amigos, familiares, compañeros).
e) Mejor red formal de apoyo en el ámbito escolar, y participación en actividades comunitarias y de fe.
Respecto al funcionamiento psicológico que protege del estrés a las personas resilientes, los autores mencionados señalan:
a) Mayor coeficiente intelectual y mejores habilidades de resolución de problemas.
b) Mejores estilos de afrontamiento.
c) Autonomía y control interno.
d) Empatía, conocimiento y manejo adecuado de las relaciones interpersonales.
e) Voluntad y capacidad de planificación.
f) Sentido del humor positivo.
Lösel y colaboradores, (en Kotliarenco) agregan a las anteriores otras características del funcionamiento psicológico:
a) Mayor tendencia al acercamiento.
b) Mayor autoestima.
c) Menor tendencia a sentimientos de desesperanza.
d) Mayor autonomía e independencia.
e) Habilidades de afrontamiento que, además de otras ya mencionadas, incluyen orientación hacia las tareas, mejor manejo económico, menor tendencia a evitar problemas, a la vez que menor tendencia al fatalismo.
Esto es un panorama teórico general sobre la resiliencia, en el próximo número hablaremos de las características en concreto y cómo se llega a ser resiliente. FUENTE: Manual TIPPS/ Tema 7/ Factores de riesgo y protección/ Fundación de Investigaciones Sociales, A.C., México, 2001.
Resiliencia
RESILIENCIA
La resiliencia es la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves. La resiliencia se sitúa en una corriente de psicología positiva y dinámica de fomento de la salud mental y parece una realidad confirmada por el testimonio de muchísimas personas que, aún habiendo vivido una situación traumática, han conseguido encajarla y seguir desenvolviéndose y viviendo, incluso, en un nivel superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados. Aunque durante mucho tiempo las respuestas de resiliencia han sido consideradas como inusuales e incluso patológicas por los expertos, la literatura científica actual demuestra de forma contundente que la resiliencia es una respuesta común y su aparición no indica patología, sino un ajuste saludable a la adversidad.
PERSONALIDAD RESISTENTE (HARDINESS)
El concepto de personalidad resistente aparece por primera vez en la literatura científica en 1972, en relación a la idea de protección frente a los estresores. Son Kobasa y Maddi los autores que desarrollan el concepto, a través del estudio de aquellas personas que ante hechos vitales negativos parecían tener unas características de personalidad que les protegían. Así, se ha establecido que las personas resistentes tienen un gran sentido del compromiso, una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos y están más abiertos a los cambios en la vida, a la vez que tienden a interpretar las experiencias estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia, En general, se considera que es un constructo multifactorial con tres componentes principales: compromiso, control y reto.El concepto de personalidad resistente está íntimamente ligado al existencialismo.
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FUENTES
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-Bonanno, G.A.(2004) Loss, trauma and human resilience.American Psychologist, 59(1):20-28
-Bonanno, G.A., Wortman, C.B., Lehman, D.R. et al.(2002) Resilience to loss and chronic grief: A prospective study from preloss to 18-months postloss. Journal of Personality and Social Psychology, 83(5):1150-1164
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-Carver,C.S.(1998) Resilience and thriving: issues, models, and linkages.Journal of Social Issues, 54(2):245-266 (on-line)
-Florian, V.,Mikulincer, M. y Taubman, O.(1995) Does hardiness contribute to mental heatlh during a stressful real-life situation?The roles of appraisal and coping. Journal of Personality and Social Psychology, 68(4):687-695
-Heller, S. S., Larriev, J.A., D´Imperio, R. & Boris, N.W.(1999) Research on resilience to child maltreatment: Empirical considerations. Child Abuse & Neglect, 23(4): 321-338
-Kobasa, S. C.(1979) Stressful life events, personality, and health: An inquiry into hardiness. Journal of Personality and Social Psychology, 37(1), 1-11
-Kobasa, S. C.(1982) Commitment and coping in stress resistance among lawyers. Journal of Personality and Social Psychology, 42, 707-717
-Kobasa, S. C., Maddi, S.R. y Kahn, S.(1982) Hardiness and health:Aprospective study. Journal of Personality and Social Psychology, 42(1):168-177
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-Masten,A.S. & Redd, M.G.J.(2004) Resiliencie in Development. En: C.R.Snyder y Shane J. Lopez (Eds.) Handbook of Positive Psychology. Oxford University Press(Chapter 6)
-Park, C.L.(1998)Stress-related growth and thriving through coping: the roles of personality and cognitive processes.Journal of Social Issues,54(2):267-277(on-line)
-Saakvitne, K.W., Tennen, H. y Affleck, G.(1998)Exploring thriving in the context of clinical trauma theory:Constructivist self-development theory. Journal of Social Issues, 54(2):279-299 (on-line)
-Wiebe, D.J. (1991) Hardiness and stress moderation:A test of proposed mechanisms.Journal of Personality and Social Psycholoy, 60(1):89-99
Monografía
1. Introducción
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos no alumbran ni queman, pero otros arden con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear y quien se acerca se enciende.
En este relato de GALEANO, se resumen las dos aristas filosóficas de la teoría de la resiliencia la primera se relaciona con la idea de la luminosidad. La resiliencia se edifica desde la zona luminosa del ser humano, desde sus fortalezas, asumiendo la potencialidad de cada individuo para desarrollarse. L a segunda arista consiste en la idea de la diversidad, de la diferencia. La teoría de la resiliencia cobra significado a partir de las diferencias en la reacción ante circunstancias adversas, generadoras de stress. Mientras algunas personas sucumben a dichas circunstancias, evidenciando desequilibrio y trastornos a diversos niveles. Otras se desarrollan exitosamente a pesar de la adversidad.
Precisamente las preguntas principales formuladas por los investigadores sociales en los últimos años en esta área se relacionan con el problema de la determinación del enfrentamiento exitoso al stress y a la adversidad.
Es justo en este espacio de incertidumbre que abre la diferencia en la reacción ante la adversidad donde se inscribe el concepto de resiliencia, definido como la capacidad de un individuo de reaccionar y recuperarse ante adversidades, que implica un conjunto de cualidades que fomentan un proceso de adaptación exitosa y transformación a pesar de los riesgos y la adversidad.
Estos deben ser vistos como un resultado de la estrecha interacción individuo- ambiente donde cada una de estas dos partes juega un papel activo. Es decir, el individuo no debe considerarse un receptor pasivo de los diferentes estímulos, por el contrario se encuentra constantemente modulando la incidencia a estos con su conducta, sus efectos en la determinación del carácter de riesgo. En este proceso de modulación se mezclan componentes genéticos, psicológicos, sociales y situacionales.
Esto supone además, el carácter específico de los mecanismos implicados en la determinación del riesgo: en cada individuo tendrán una dinámica propia, única, que dependerá de la articulación de los componentes referidos con anterioridad
La resiliencia es en términos de ingeniería la capacidad de un material para recobrar su forma original, después de someterse a una presión deformadora. En este trabajo, sin embargo, retomamos la más reciente acepción de esta palabra, que designa la capacidad de una persona para superar bien condiciones adversas de la vida.
Por lo general la resiliencia ha sido estudiada en lo referente a la manera sorprendente de muchos niños y niñas maltratados de distintas formas para sobreponerse y mantener su vitalidad y esperanza.
Como seres humanos, pese a vivir en diferentes condiciones cada ser, por lo menos en algún momento de la vida los problemas nos han hecho tocar fondo. De hecho, a veces se ha dicho que hay que tocar fondo para poder tomar conciencia y levantarse. Puesto que si nos dejáramos arrollar por ese tipo de situación, nuestras vidas perderían toda conducción y sentido.
Pese a todo el potencial social constructivo que implica, no se ha pensado en la posibilidad de plantear la resiliencia como un ejemplo para todos y todas, en nuestro crítico contexto de vida.
El objetivo principal de este trabajo es mostrar que si partimos de la existencia de ciertos factores de resiliencia individuales y sociales, existe la posibilidad de salir adelante sin necesidad de ampararnos bajo vicios como el paternalismo,el clientelismo, la drogadicción y otros tipos de dependencia, que no hacen sino sumarse a los problemas ya existentes.
4. En lo social
Actualmente al contrario de lo que se proponía en el proyecto político del estado nacional, se da la fragmentación de las identidades y redefinición de valores. Además se acentúa la explotación, la discriminación y el individualismo.
A la par cobran expresión nuevas propuestas desde aquellas nuevas identidades que se manifiestan mediante el espacio de la cultura. Por lo tanto dichas identidades(etnia, género, edad, clase social, ideas políticas, religión), que no son excluyentes unas de otras, sino muchas veces transversales, reclaman el lugar que muchas veces la historia les negó.
5. Lo que hace resilientes a las personas
Existen factores internos como la autoestima, el optimismo, la fe, la confianza en sí mismo, la responsabilidad, la capacidad de elegir o de cambio de las competencias cognoscitivas.
Una vez fortalecidos estos aspectos, que se conjugan en lo que llamamos espíritu. Además se refuerzan las posibilidades del grupo de apoyar a las personas como ser humano integro, seguro y capaz de salir adelante.
Por ello es importante, además de desarrollar factores internos, afianzar los apoyos externos. Sin embargo, si la autoestima es baja o no se conjuga bien con las destrezas sociales, o si la esperanza en uno mismo no fluye no se canaliza de la mejor manera y si se le quita al individuo el apoyo externo vuelven a derrumbarse.
A continuación detallamos diez puntos que fortalecen internamente el poder personal:
Trato estable con al menos uno de los padres u otra persona de referencia.
- Apoyo social desde dentro y fuera de la familia
- Clima educativo emocionalmente positivo, abierto, orientador y regido por normas.
- Modelos sociales que estimulen un conductismo constructivo.
- Balance de responsabilidades sociales y exigencia de resultados.
- Competencias cognoscitivas.
- Rasgos conductistas que favorecen a una actitud eficaz.
- Experiencia de autoeficacia, confianza en uno mismo y concepto positivo de uno mismo.
- Actuación positiva frente a los inductores del stress.
- Ejercicio de sentido, estructura y significado en el propio crecimiento.
Son condicionantes externos los de carácter social, económico, familiar, institucional, espiritual, recreativo y religioso, los cuales son promovidos o facilitados por el ambiente, las personas, las instituciones y las familias que intervienen en la atención, el trato y el tratamiento de los grupos e individuos que están en situación de riesgo y vulnerabilidad.
Al margen de los ya mencionados, caben otros ámbitos y claves que la resiliencia genera no pocos insisten en la necesidad de contar con buenos modelos de rol en la vida diaria especialmente cuando se trata de niños, personas de las cuales los individuos u otros niños pueden aprender. En la actualidad algunos educadores han desarrollado estas técnicas con experiencias realizadas en el campo con bosques, flores y demás.
También constan entre los factores externos los factores de riesgo que pueden ser muchos, los cuales vulnerabilizan la integridad psíquica, moral, espiritual y social.
No basta con compartir su cotidianidad y diluirse en ella, ni reflexionar su problemática identificando los factores de riesgo que los llevó a tomar esta opción, pues sería vulnerabilizar aún mas sus condiciones de vida, sobre todo se fomenta una doble estigmatización, marcándoles con una etiqueta como de callejero, drogadicto, etc.
En estos casos para Freire, un investigador Guatemalteco, es la luz interior la que en determinados casos sirve para determinar una decisión y tomar una oportunidad privilegiada que se presenta en el momento justo. Esto representa fortalecer los factores de protección que promueve la resiliencia, revalorizando el potencial interno y externo de cada persona para reconstruir su proyecto de vida personal y comunitaria.
Se puede considerar que las principales actitudes que fortalecen en los factores protectores o resilientes en los humanos son:
- Demostraciones físicas y verbales de afecto y cariño en los primeros cuatro años de vida.
- Reconocimiento y atención a sus éxitos y habilidades.
- Oportunidades de desarrollo de destrezas.
- Actitud de cultivo, cuidado y amor por parte de todos sus semejantes y especialmente de los encargados de su cuidado y protección.
- Apoyo de un marco de referencia ético, moral y espiritual.
6. Proyectos para vivir genuinamente
Estos proyectos son posibles hoy en día, apenas a dos años del nuevo milenio, sin necesidad de acudir a sectas o a voces mesiánicas para la solución a los grandes interrogantes de la vida.
Primero tenemos que reconocernos como seres humanos con valores y potencialidades y en ese espejo mirar también a los otros con una visión holística que apunta al crecimiento, al fortalecimiento interior y al cultivo de la autoestima.
Así como la aspirina se utilizó mucho tiempo con éxito y no se comprendía exactamente como funcionaba en la vida cotidiana decidimos y construimos sobre la base de conocimientos que allí están. Lo mismo ocurre con la resiliencia, se ha trabajado con ella y se la ha aplicado sin tener un nombre específico y sin conocimientos sistemáticos sobre su aplicación.
Para hablar de resiliencia, basta con remitirnos a cualquier cantidad de información de los medios para referirse a niños, mujeres, ancianos y seres marginales en situación de riesgo.
Cada caso es más sensacionalista que otro suena más o vende más, sin embargo el observador sagaz se da cuenta que mucho hay de negativo en el sistema y en el tejido social que destaca solo lo que impacta.
Es así cuando entra el factor de la resiliencia como contraparte; por cada tanda de noticias trágicas debería igualmente desplegarse otras a manera de semillas constructivas que permitan el cambio hacia un nivel de vida más llevadero, hacia un recorrer senderos diferentes de los ya transitados, en los cuales las opciones de crecer y desarrollar las potencialidades internas y la autoestima.
Hay que dar un salto cualitativo de la pobreza en todos sus niveles a la no- pobreza que es algo distinto al término riqueza.
Es un factor preponderante en la formación de personas sanas física y psíquicamente en la formación de los niños y adolescentes, pero este modelo de familia es el clásico y las condiciones en que se desenvuelve la sociedad no las apropiadas para que esto sea un bien común.
Si un niño tiene sus necesidades básicas llenas, tiene más opciones de éxito en el futuro, si a esto le añadimos el contacto físico, las caricias y el respeto de sus padres o familiares, su desarrollo en todos los aspectos será armónico.
Pero en el caso de la resiliencia ella busca restituir corazones heridos y darles la posibilidad de emprender un proceso de rehumanización a los niños de la calle, a los refugiados, a las mujeres mal tratadas, a los grupos que han sufrido la crueldad institucionalizada para la formación de familias recilientes impulsadas por promotores sociales, de salud, voluntarios, expertos en educación y en desarrollo.
Estos son considerados ese algo que opera para mitigar los efectos del riesgo. Se consideran fuerzas internas y externas que contribuyen a que el niño resista o aminore los efectos del riesgo, por tanto, reducen la posibilidad de disfunción y problemas en estas circunstancias, como los factores de riesgo los factores protectores involucran también variables genéticas, disposiciones personales, factores psicológicos, situacionales y sociales.
Dentro de los personales se incluyen características temperamentales que provocan respuestas positivas en los padres y cuidadores y autonomía combinada con la capacidad de pedir ayuda. E n la niñez más tardía así como en la adolescencia: habilidades comunicativas y de resolución de problemas, competencia escolar, sentido del humor, autoestima elevada, creatividad, autonomía, tolerancia a las frustraciones entre otras.
Al interior de la familia se han definido factores como presencia de apoyo incondicional por al menos una persona competente y emocionalmente estable, creencias religiosas que promuevan la unidad familiar y la búsqueda de significados en los tiempos difíciles.
Dentro del ámbito comunitario se han considerado los siguientes: presencia de pares y personas mayores en la comunidad que brinden la posibilidad de transiciones positivas en la vida como programas de educación comunitaria a padres, participación activa en una comunidad religiosa.
Los diferentes factores protectores, al igual que los de riesgo no actúan aisladamente en el niño, sino ejerciendo un efecto de conjunto donde se establecen complejas relaciones funcionales que en definitiva traen como resultado la atenuación de los efectos de las circunstancias adversas y eventos estresantes. Este proceso es denominado moderación del stress. El conocimiento de este proceso es imprescindible para comprender los mecanismos que subyacen a los factores protectores y a la resiliencia en general.
A partir de todo lo expuesto sobre los factores de riesgo y protectores así como los mecanismos que los subyacen, se puede concluir que la combinación de múltiples factores de origen genético, psicológico, social y situacional pueden determinar un estado de riesgo o de resiliencia en el niño.
Después de informarnos un poco acerca de este tema que es muy nuevo e innovador en lo que respecta a la forma en que las personas son capaces de superar la adversidad, creemos con absoluta convicción que resultan fundamentales ciertos factores formativos en el desarrollo de cada individuo; como una buena estimulación intelectual, social y afectiva, ya que esto podría conformar un pilar sólido al momento de enfrentarse a situaciones adversas. La resiliencia fundamentalmente esta siendo encaminada a la promoción de factores protectores a nivel personal con el objetivo de desarrollar estilos de enfrentamientos a los momentos difíciles.
Es importante estimular factores de resiliencia internos de las personas como la autoestima, la creatividad, así como también los factores externos como el sistema social de apoyo, que involucran estimulación de la socialización secundaria que resulta muy importante en la formación de la personalidad de un individuo.
- Artículos extraídos de internet
- "Revista latinoamericana de psicología", Fraser 1997.
Trabajo enviado por:
Gino Raffo A.
Carla Rammsy
Universidad del desarrollo
Escuela de psicología
" La Resiliencia "
Categoría: Psicología
gr.eros@entelchile.net
En la educación
material exclusivo de nuestro Centro de Formacion
La resiliencia es esa capacidad para resistir, tolerar la presión , los obstáculos y pese a ello hacer las cosas correctas, bien hechas, cuando todo parece actuar en nuestra contra se ha convertido en un concepto que integra ingredientes psicológicos, social, emocionales, cognitivos, culturales, étnicos.....etc. por lo cual su interés por desarrollar y evaluar esta capacidad se ha extendió no solo a la Psicología, sino a la educación, a la salud, y a las empresas,
Así no solo resisten y mejoran su supervivencia las personas sino también, las Instituciones, las Empresas, en una época de fusiones, de crisis y de quiebras, que dan lugar a que las pequeñas empresas se agrupen y luego están las Multinacionales, cuando esta fusión supera las fronteras del propio país.
Hacia una Definición:
Puede entenderse aplicado a la Psicología a la resiliencia como la capacidad de una persona de hacer las cosas bien pese a las condiciones de vida adversas, a las frustraciones, superarlas y salir de ellas fortalecido o incluso transformado, en otros términos recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva para si y para la sociedad en la que esta inserto
La resiliencia distingue dos componentes: la resistencia frente a la destrucción, esto es, la capacidad de proteger la propia integridad bajo presión; por otra parte, más allá de la resistencia, la capacidad para construir un conductismo vital positivo pese a circunstancias difíciles Esto ultimo es lo que mas se ha desarrollado en la aplicación de la resiliencia a la Psicología Laboral en las Empresas, y a la Empresa en si misma en su capacidad de supervivencia y crecimiento en el mercado en donde compite con sus productos o Servicios.
La resiliencia puede caracterizarse también como un conjunto de procesos sociales e intra psíquicos que posibilitan tener una vida “sana”, viviendo en un medio “insano”.
Su aplicación en el plano educativo:
¿Por qué surge este enfoque de la resiliencia en el terreno educativo?
Porque hoy día se sabe como primario la necesidad de fortalecer a los niños interiormente para que puedan resistir a las dificultades de este mundo tan difícil. Tan globalizado. Fortalecerlos es informarlos, formarlos, favorecer las vivencias de cada etapa de crecimiento, físico y psíquico, sin apurar sus tiempos y conociendo sus potencias y sus características espirituales. Y acercarlo a través de diversos modos , técnicas... en el conocimiento de sí mismo.
Ahora bien , cuales son los elementos, aptitudes necesarios para poder contar con una buena capacidad de resiliencia?...
¿Con qué se adquiere fortaleza para superar las adversidades?
1) Con buena autoestima, , buena auto imagen de sí mismo.
2)Con conocimiento de sus fortalezas y sus debilidades.
3) Cultivando sus aficiones. Potencialidades
4)Incentivando la expresión de sus sentimientos y sus necesidades. 5)Tomando los errores como lecciones y no como fallas o fracasos.
6)Siendo creativos, flexibles, proactivos.
7) Teniendo buenas relaciones emocionales.
8) Enseñando a saber pedir ayuda cuando se necesita.
9)Reflexionando antes de actuar, teniendo buen auto control.
10)Viendo la vida con optimismo, con sentido del humor.
La resiliencia como factor de prevención y promoción de salud:
Quizás el proyecto mas ambicioso en la investigación sobre la resiliencia, sea su aplicación al desarrollo infantil, a las dinámicas familiares, a la efectividad escolar, el desarrollo de la comunidad, el conocer características familiares, escolares y el ambiente de las comunidades que fomentan la resiliencia natural de los niños y las niñas y ver como implementar el desarrollo de esta aptitud resiliente en personas, familias, instituciones que no la tengan.
Que favorece esta posibilidad de desarrollo de la capacidad resiliente?...
Particularmente el desarrollo uy existencia de factores protectores. Se entiende por Factores protectores a las “...influencias que modifican, mejoran o alteran la respuesta de una persona a algún peligro que predispone a un resultado no adaptativo” se refieren a las características existentes en los diferentes ambientes que parecen cambiar o revertir circunstancias potencialmente negativas.
Estos le permiten al sujeto transformar esas situaciones adversas al desarrollar su resiliencia, a pesar de los riesgos a los que se ven expuestos,
Entre los principales tenemos:
1)Presencia de Relaciones afectuosas: es decir modalidades vinculares en donde este presente el amor, la sensibilidad, la comprensión, el respeto e interés que se incorporan efectivamente es decir a través del ejemplo ,en los hechos y no solo en las palabras y llegan a cimentar un sentido de seguridad y confianza.
2) Acerca las expectativas que se tienen de las personas, sea en el seno de la vida familiar, en el clima laboral que se vive en una empresa etc los mensajes que se proyectan comunican no sólo una orientación sólida, sino también estructuras y metas a seguir, transmitiendo en esta forma la certeza que se tiene de la resiliencia que existe en cada persona, niño, adolescente o adulto, en donde en vez de detectar problemas y defectos, se identifican las fortalezas y ventajas con que cuentan.
3)las oportunidades de participación y contribución significativa, incluyen el tener responsabilidades importantes, el tomar decisiones, el ser escuchado, y el aplicar la capacidad personal en beneficio de la comunidad familiar o social o laboral o educativa.
En síntesis, trabajar el campo de lo resiliente en un sujeto o comunidad como perspectiva implica un encuadre teórico diferente Implica un cambio paradigmático en el sentido de hacer hincapié en las fortaleza innata de los niños, adolescentes, de sus familias, sus centros educativos del adulto y sus comunidades y no desde el punto de vista del riesgo, los problemas y la patología que hayan tenido que sobrellevar para mejorar su salud y curar sus heridas. Sino para promover salud.
Se parte del concepto que todas las personas poseen en algún grado mas destacado o no tanto estas fortalezas , revisarlas, conocerlas, evaluarlas y ver como se pueden desarrollar mejor. Esto nos lleva a plantear el campo de la prevención primaria no solo para la prevención de patologías.
Para promover salud en la vida cotidiana del sujeto, de la educación, y acerca de lo que "sí funciona", involucra también como propuesta que no debemos obsesionarnos solamente en identificar riesgos, ya que ésta es una práctica que estadísticamente debilita, estigmatiza y daña .
Alguien dijo una vez que "cuando se atenúan las situaciones adversas y se restablecen las necesidades humanas básicas, la resiliencia se manifiesta."
Lo que desarrolla la capacidad resiliente de un individuo es la formación de personas socialmente competentes que tengan conciencia de su identidad y utilidad, que puedan tomar decisiones, establecer metas y creer en un futuro mejor, satisfacer sus necesidades básicas de afecto, relación, respeto, metas, poder y significado, y esto es una tarea diaria que involucra distintos lugares sociales partiendo de la familia, las distintas instituciones los Gobiernos de cada país.
¿QUIEN SOY?
-“Mamá, yo soy la que veo en el espejo, la que los demás me dicen que soy, o la que yo pienso?”, pregunta Agostina (siete años) , dejando a su madre en un silencio pensativo, intentando dar respuesta a una pregunta que, hasta aquel momento, desconocía.
Agostina, dentro de su ingenua curiosidad, estaba planteando un cuestionamiento filosófico que quizás le llevará años de su vida responder, comprender, crear y re-crear. Y a nosotros, nos regala la oportunidad de reflexionar sobre la construcción de la identidad (nuestra y de nuestros niños)
Tener un hijo no es un acontecimiento más en esta vida. Aunque dediquemos poco tiempo a reflexionar sobre la magnitud que adquiere el ser madre o padre en una persona, este es un enriquecedor espacio para tomar conciencia de su importancia y la responsabilidad que implica en nuestra existencia.
Por: Karina Crespo 08-Mar-2005 Debates, Grupos heterogéneos, Materiales escolares, Otras publicaciones, Resiliencia Comentarios (47)
Pensando en nuestro trabajo actual
Ser docentes hoy no es fácil. Tal vez nunca la fue. Pero como sabemos y sentimos, en nuestros días la profesión docente está en cambios constantes.
Por: Marcelo Bianchi Bustos 03-Feb-2005 Resiliencia Comentarios (18)
Escuelas que ponen en práctica la Resiliencia
Teniendo en cuenta los seis factores constructores de la Resiliencia, las escuelas necesitarían acceder a ellos, ya que de su alcance dependería el buen funcionamiento de la Institución. Se entiende que una escuela en donde se trata de construir día a día la Resiliencia y que cuenta con docentes y directivos que bregan por el logro de la misma, podrá ser de ayuda para que los alumnos y sus familias pertenecientes a la comunidad educativa alcancen tal capacidad. Parecería imposible en estos tiempos que corren...hasta utópico, pero "lograble", si se quiere.
Por: Graciela Simari 29-Dic-2004 Resiliencia Comentarios (59)
Reconocimiento de personas resilientes: Docentes y alumnos
¿Cómo reconocer a una persona con capacidad de Resiliencia de otra que debiera acrecentarla?De acuerdo con las características estudiadas existen perfiles para tener en cuenta, sobre todo los docentes, figuras parentales significativas para los alumnos.
Por: Graciela Simari 28-Dic-2004 Resiliencia Comentarios (40)
Proyecto: "La Resiliencia en el ámbito escolar"
Alcance anual con continuidad.
Objetivos:
Fomentar la oralidad y la libre expresión de ideas
Contactarse con las emociones
Encontrar lo positivo dentro de cada uno
Aceptar las diferencias
Desarrollar la responsabilidad
Reconocer el valor propio, el del otro. Respetar lo que los demás valoran
Acrecentar los buenos modales
Practicar la cooperación, la comprensión y la tolerancia
Replantear los puntos de vista
Planteo del Problema:Se quiere poner a prueba la capacidad de Resiliencia en los alumnos para que puedan superarse y enriquecerse a pesar de las dificultades comunicativas, socio-económicas, intelectuales, etc.
Se considera como factible que los alumnos puedan poner en práctica actitudes resilientes dado que la Resiliencia no es una capacidad que nace con el individuo, sino que puede aprehenderse en cualquier momento de la vida, siempre y cuando un otro significativo los impulse a ese logro.
Por: Graciela Simari 17-Dic-2004 Resiliencia Comentarios (144)
Resiliencia
Llama la atención la manera en que ciertas personas logran salir a flote de situaciones que pueden considerarse trágicas. Aunque parecen difíciles o imposibles de superar logran reponerse y hasta se enriquecen.
La resiliencia es justamente eso: la capacidad que tenemos los seres humanos para reponernos de las adversidades y lograr una transformación positiva, que nos eleve.
Dentro del ámbito escolar es posible y muy importante fortalecer a sus integrantes, principalmente a los alumnos, para que puedan hacer frente a las situaciones adversas que puedan presentarse tanto en el plano escolar, como familiar y social. Pero, ¿cómo hacerlo?
¿Es posible implementar el desarrollo de la aptitud resiliente en los alumnos, sus familias y en la propia escuela?
Los invitamos a la discusión del tema y a proponer proyectos que tiendan a desarrollar esta aptitud.
Recomendados: Estado de Arte en Resiliencia, Organización Panamericana de la Salud (en formato PDF)El aprendizaje-servicio como un factor fortalecedor de la resiliencia en niños y adolescentes, ponencia del Dr. Aldo Melillo presentada en el VI Seminario Internacional de
Nuevo concepto
El trabajo que dio origen a este nuevo concepto fue el de E. E. Werner (1992), quien estudió la influencia de los factores de riesgo, los que se presentan cuando los procesos del modo de vida, de trabajo, de la vida de consumo cotidiano, de relaciones políticas, culturales y ecológicas, se caracterizan por una profunda inequidad y discriminación social, inequidad de género e inequidad etnocultural que generan formas de remuneración injustas con su consecuencia: la pobreza, una vida plagada de estresores, sobrecargas físicas, exposición a peligros (más que “factores de riesgo” deberíamos considerarlos procesos destructivos [Breilh, 2003] que caracterizan a determinados modos de funcionamiento social o de grupos humanos). Werner siguió durante más de treinta años, hasta su vida adulta, a más de 500 niños nacidos en medio de la pobreza en la isla de Kauai. Todos pasaron penurias, pero una tercera parte sufrió además experiencias de estrés y/o fue criado por familias disfuncionales por peleas, divorcio con ausencia del padre, alcoholismo o enfermedades mentales. Muchos presentaron patologías físicas, psicológicas y sociales, como desde el punto de vista de los factores de riesgo se esperaba. Pero ocurrió que muchos lograron un desarrollo sano y positivo: estos sujetos fueron definidos como resilientes.
Como siempre que hay un cambio científico importante, se formuló una nueva pregunta que funda un nuevo paradigma: ¿por qué no se enferman los que no se enferman?
Primero se pensó en cuestiones genéticas (“niños invulnerables” se los llamó), pero la misma investigadora miró en la dirección adecuada. Se anotó que todos los sujetos que resultaron resilientes tenían, por lo menos, una persona (familiar o no) que los aceptó en forma incondicional, independientemente de su temperamento, su aspecto físico o su inteligencia. Necesitaban contar con alguien y, al mismo tiempo, sentir que sus esfuerzos, su competencia y su autovaloración eran reconocidas y fomentadas, y lo tuvieron. Eso hizo la diferencia. Werner dice que todos los estudios realizados en el mundo acerca de los niños desgraciados, comprobaron que la influencia más positiva para ellos es una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo. O sea que la aparición o no de esta capacidad en los sujetos depende de la interacción de la persona y su entorno humano.
Pilares de la resiliencia: a partir de esta constatación se trató de buscar los factores que resultan protectores para los seres humanos, más allá de los efectos negativos de la adversidad, tratando de estimularlos una vez que fueran detectados. Así se describieron los siguientes:
Autoestima consistente. Es la base de los demás pilares y es el fruto del cuidado afectivo consecuente del niño o adolescente por un adulto significativo, “suficientemente” bueno y capaz de dar una respuesta sensible.
Introspección. Es el arte de preguntarse a sí mismo y darse una respuesta honesta. Depende de la solidez de la autoestima que se desarrolla a partir del reconocimiento del otro. De allí la posibilidad de cooptación de los jóvenes por grupos de adictos o delincuentes, con el fin de obtener ese reconocimiento.
Independencia. Se definió como el saber fijar límites entre uno mismo y el medio con problemas; la capacidad de mantener distancia emocional y física sin caer en el aislamiento. Depende del principio de realidad que permite juzgar una situación con prescindencia de los deseos del sujeto. Los casos de abusos ponen en juego esta capacidad.
Capacidad de relacionarse. Es decir, la habilidad para establecer lazos e intimidad con otras personas, para balancear la propia necesidad de afecto con la actitud de brindarse a otros. Una autoestima baja o exageradamente alta producen aislamiento: si es baja por autoexclusión vergonzante y si es demasiado alta puede generar rechazo por la soberbia que se supone.
Iniciativa. El gusto de exigirse y ponerse a prueba en tareas progresivamente más exigentes.
Humor. Encontrar lo cómico en la propia tragedia. Permite ahorrarse sentimientos negativos aunque sea transitoriamente y soportar situaciones adversas.
Creatividad. La capacidad de crear orden, belleza y finalidad a partir del caos y el desorden. Fruto de la capacidad de reflexión, se desarrolla a partir del juego en la infancia.
Moralidad. Entendida ésta como la consecuencia para extender el deseo personal de bienestar a todos los semejantes y la capacidad de comprometerse con valores. Es la base del buen trato hacia los otros.
Capacidad de pensamiento crítico. Es un pilar de segundo grado, fruto de las combinación de todos los otros y que permite analizar críticamente las causas y responsabilidades de la adversidad que se sufre, cuando es la sociedad en su conjunto la adversidad que se enfrenta. Y se propone modos de enfrentarlas y cambiarlas. A esto se llega a partir de criticar el concepto de adaptación positiva o falta de desajustes que en la literatura anglosajona se piensa como un rasgo de resiliencia del sujeto (Melillo, 2002).
Las fuentes interactivas de la resiliencia: de acuerdo con Edith Grotberg (1997), para hacer frente a las adversidades, superarlas y salir de ellas fortalecido o incluso transformado, los niños toman factores de resiliencia de cuatro fuentes que se visualizan en las expresiones verbales de los sujetos (niños, adolescentes o adultos) con características resilientes:
“Yo tengo” en mi entorno social.
“Yo soy” y “yo estoy”, hablan de las fortalezas intrapsíquicas y condiciones personales.
“Yo puedo”, concierne a las habilidades en las relaciones con los otros
Tengo: Personas alrededor en quienes confío y que me quieren incondicionalmente.
Personas que me ponen límites para que aprenda a evitar los peligros. Personas que me muestran por medio de su conducta la manera correcta de proceder.
Personas que quieren que aprenda a desenvolverme solo.
Personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro, o cuando necesito aprender.
Soy: Alguien por quien los otros sienten aprecio y cariño.
Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.
Respetuoso de mí mismo y del prójimo.
Estoy: Dispuesto a responsabilizarme de mis actos.
Seguro de que todo saldrá bien.
Puedo: Hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan.
Buscar la manera de resolver mis problemas.
Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien.
Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o actuar.
Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.
¿Cómo se desarrolla la resiliencia? Resiliencia y psicoanálisis: si decimos que un pilar de la resiliencia es la autoestima y sabemos que ésta se desarrolla a partir del amor y el reconocimiento del bebé por parte de su madre y su padre, es en ese vínculo que empieza a generarse un espacio constructor de resiliencia en el sujeto. Por supuesto que pueden ocurrir distintos procesos, más o menos favorables, que van trazando diferentes destinos.
Este primer pilar de la resiliencia está en la base del desarrollo de todos los otros: creatividad, independencia, introspección, iniciativa, capacidad de relacionarse, humor y moralidad.
Luego describimos una suerte de síntesis superior de todos ellos en la capacidad de pensamiento crítico, que representa algo así como un retorno del sujeto singular a la trama social en que vive, lo lleva a constituir grupos con una identidad determinada, que al comienzo puede ser de oposición para luego transformarse en hegemónica. Este proceso opera a través del sistema conductual de afiliación (afiliación a grupos) de Bowlby (Marrone, 2001).
Boris Cyrulnik (2001) ha realizado aportes sustantivos sobre las formas en que la adversidad hiere al sujeto, provocando el estrés que generará algún tipo de enfermedad y padecimiento. En el caso favorable, el sujeto producirá una reacción resiliente que le permite superar la adversidad. Su concepto de "oxímoron", que describe la escisión del sujeto herido por el trauma, permite avanzar aún más en la comprensión del proceso de construcción de la resiliencia, a la que le otorga un estatuto que incluimos entre los mecanismos de desprendimiento psíquicos. Éstos, descriptos por Edward Bibring (1943), a diferencia de los mecanismos de defensa, apuntan a la realización de las posibilidades del sujeto en orden a superar los efectos del padecimiento. “El oxímoron revela el contraste de aquel que, al recibir un gran golpe, se adapta dividiéndose. La parte de la persona que ha recibido el golpe sufre y produce necrosis, mientras que otra parte mejor protegida, aún sana pero más secreta, reúne, con la energía de la desesperación, todo lo que puede seguir dando un poco de felicidad y sentido a la vida"(Cyrulnik, 2001).
Por eso, si bien hay autores que han traducido resiliencia como “elasticidad”, en nuestro actual concepto nada de eso se mantiene; la resiliencia no supone nunca un retorno ad integrum a un estado anterior a la ocurrencia del trauma o la situación de adversidad: ya nada es lo mismo.
La escisión del yo no se sutura, permanece en el sujeto compensada por los recursos yoicos que se enuncian como pilares de la resiliencia. Con algo de todo eso, más el soporte de otros humanos que otorgan un apoyo indispensable, la posibilidad de resiliencia se asegura y el sujeto continúa su vida. Podríamos decir que el concepto de oxímoron es del mismo orden que el concepto de Freud de la escisión del yo en el proceso defensivo.
Algunos psicoanalistas afirman que el concepto de resiliencia es o puede ser contradictorio con un modelo psicoanalítico de la vida psíquica. Claramente no es así cuando se considera el modelo freudiano de la segunda tópica o la tercera tópica que especifica Zuckerfeld (2002). En el caso de la segunda tópica, la consideración del yo como instancia que debe "pilotear" las relaciones del sujeto con sus deseos conscientes e inconscientes, los requerimientos de su conciencia moral (superyó) y de sus ideales (ideal del yo), y los del mundo externo, es decir la relación con su entorno, pone en evidencia los beneficios de estimular los pilares de la resiliencia, clara e íntimamente ligados a las capacidades del yo. En este modelo psicoanalítico, la fortaleza del yo facilita la tramitación por parte del sujeto de los requerimientos de las otras instancias: es a la vez resultado y causa del proceso de la cura psicoanalítica y del desarrollo de las capacidades resilientes. El trauma puede ser el punto de partida de una estructuración neurótica o psicótica, pero también un punto de llegada en cuanto a generar una fuerte y útil estructura defensiva.
La resiliencia se teje: no hay que buscarla sólo en la interioridad de la persona ni en su entorno, sino entre los dos, porque anuda constantemente un proceso íntimo con el entorno social. Esto elimina la noción de fuerza o debilidad del individuo; por eso en la literatura sobre resiliencia se dejó de hablar de niños invulnerables. Tiene contactos con la noción de apuntalamiento de la pulsión. Como dice Freud (1929) "[...] la libido sigue los caminos de las necesidades narcisistas y se adhiere a los objetos que aseguran su satisfacción". La madre, que es la primera suministradora de satisfacción de las necesidades del niño, es el primer objeto de amor y también de protección frente a los peligros externos; modera la angustia, que es la reacción inicial frente a la adversidad traumática, en grado o medida aún mínima. Va constituyendo un sustrato de seguridad, lo que Bowlby y Ainsworth llaman una relación de apego seguro (Marrone, 2001), derivado de una base emocional equilibrada, posibilitada por un marco familiar y social estables. Son los padres o cuidadores sustitutos, como mediadores con el medio social, los que ayudan a su constitución a través de una acción neutralizadora de los estímulos amenazantes. Si bien esta condición inicial del sujeto sigue existiendo toda la vida, siempre será fundamental un otro humano para superar las adversidades mediante el desarrollo de las fortalezas que constituyen la resiliencia.
En síntesis, el proceso de apuntalamiento de la pulsión lleva al otro humano y evita el atrapamiento en el mortífero solipsismo narcisista. La autoestima, con la ayuda y la mirada de los demás, puede ser reorganizada y reelaborada por medio de nuevas representaciones, acciones, compromisos o relatos.
Recurrimos al poco usado concepto de mecanismos de desprendimiento del yo, introducido por E. Bibring (1943), que “no tienen por finalidad provocar la descarga (abreacción) ni hacer que la tensión deje de ser peligrosa (mecanismo de defensa). Sin negar que durante el proceso se producen fenómenos de abreacción en pequeñas dosis”, se trata de operaciones yoicas que apuntan a dispersar las tensiones dolorosas en otros complejos de pensamientos y emociones con efectos compensatorios; o bien que, como en el trabajo de duelo, generen el desprendimiento de la libido del objeto perdido para transferirla a otros. Un tercer modo es la familiarización con el peligro para poder superarlo en forma contrafóbica. Para el psicoanálisis serían mecanismos más propios de la cura que de la enfermedad; desde el punto de vista de la resiliencia constituyen la posibilidad de una continuidad de la vida en aceptables condiciones de salud mental.
Freud afirmaba que el largo camino del psicoanálisis se debía a lo difícil que puede ser cambiar las circunstancias del sujeto. Si esto fuera posible, se podría ahorrar tan prolongado esfuerzo. Pues bien, el desarrollo de la resiliencia requiere justamente un cambio en las circunstancias del sujeto si se le permite contar con el auxilio de un otro humano que genera y/o estimula las fortalezas de su yo, favoreciendo sus defensas y capacidad de sublimación. Si el mundo externo produjo una implosión traumática en el sujeto, el auxilio exterior de un otro puede restituir la capacidad de recuperar el curso de su existencia. La resiliencia representa el lado positivo de la salud mental.
Resiliencia y salud mental: es muy ilustrativo comparar los conceptos básicos de salud mental (tal como se expresan en la Ley de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires) y los de resiliencia, que presentan en común sugestivas definiciones:
SALUD MENTAL
RESILIENCIA
Proceso determinado histórica y culturalmente en cada sociedad.
Se preserva y mejora por un proceso de construcción social.
Conjunto de procesos sociales e intrapsíquicos que posibilitan acceder al bienestar psicofísico a pesar de las adversidades.
Parte del reconocimiento de la persona en su integridad bio-psico-socio-cultural y de las mejores condiciones posibles para su desarrollo físico, intelectual y afectivo.
Depende de cualidades positivas del proceso interactivo del sujeto con los otros humanos, responsable en cada historia singular de la construcción del sistema psíquico humano.
Estas coincidencias nos llevan a pensar que lo que se entiende como promoción de la resiliencia en el marco de una comunidad, al producir capacidad de resistir las adversidades y agresiones de un medio social sobre el equilibrio psicofísico de los componentes de una comunidad, niños, adolescentes y adultos, produce salud mental (Melillo, Soriano, Méndez y Pinto, 2004).
Resiliencias relacionales: familiar y grupal: Froma Walsh (1998) “[...] propone una concepción sistémica de la resiliencia, enmarcada en un contexto ecológico y evolutivo, y presenta el concepto de resiliencia familiar atendiendo a los procesos interactivos que fortalecen con el transcurso del tiempo tanto al individuo como a la familia [...] La resiliencia relacional puede seguir muchos caminos, variando a fin de amoldarse a las diversas formas, recursos y limitaciones de las familias [y los grupos] y a los desafíos psicosociales que se les plantean”. En este sentido se pueden señalar: reconocer los problemas y limitaciones que hay que enfrentar; comunicar abierta y claramente acerca de ellos; registrar los recursos personales y colectivos existentes y organizar y reorganizar las estrategias y metodologías tantas veces como sea necesario, revisando y evaluando los logros y las pérdidas.
Para esto es necesario que, en las relaciones entre los componentes del grupo familiar, se produzcan las siguientes prácticas: actitudes demostrativas de apoyos emocionales (relaciones de confirmación y confianza en la competencia de los protagonistas); conversaciones en las que se compartan lógicas (por ejemplo, acuerdos sobre premios y castigos) y conversaciones donde se construyan significados compartidos acerca de la vida, o de acontecimientos perjudiciales, con coherencia narrativa y con un sentido dignificador para sus protagonistas.
En síntesis, los elementos básicos de la resiliencia familiar serían: cohesión, que no descarte la flexibilidad; comunicación franca entre los miembros de la familia; reafirmación de un sistema de creencias comunes, y resolución de problemas a partir de las anteriores premisas.
Resiliencia comunitaria: se trata de una concepción latinoamericana desarrollada teóricamente por E. Néstor Suárez Ojeda (2001), a partir de observar que cada desastre o calamidad que sufre una comunidad, que produce dolor y pérdida de vidas y recursos, muchas veces genera un efecto movilizador de las capacidades solidarias que permiten reparar los daños y seguir adelante. Eso permitió establecer los pilares de la resiliencia comunitaria: autoestima colectiva, que involucra la satisfacción por la pertenencia a la propia comunidad; identidad cultural, constituida por el proceso interactivo que a lo largo del desarrollo implica la incorporación de costumbres, valores, giros idiomáticos, danzas, canciones, etcétera, proporcionando la sensación de pertenencia; humor social, consistente en la capacidad de encontrar la comedia en la propia tragedia para poder superarla; honestidad estatal, como contrapartida de la corrupción que desgasta los vínculos sociales; solidaridad, fruto de un lazo social sólido que resume los otros pilares.
Resiliencia y educación: la cuestión de la educación se vuelve central en cuanto a la posibilidad de fomentar la resiliencia de los niños y los adolescentes, para que puedan enfrentar su crecimiento e inserción social del modo más favorable (Melillo, Rubbo y Morato, 2004).
Lamentablemente, en las escuelas (como ocurre también en salud) habitualmente se pone el mayor empeño en detectar los problemas, déficit, falencias, en fin, patología, en lugar de buscar y desarrollar virtudes y fortalezas. Por eso y para empezar, una actitud constructora de resiliencia en la escuela implica buscar todo indicio previo de resiliencia, rastreando las ocasiones en las que tanto docentes como alumnos sortearon, superaron, sobrellevaron o vencieron la adversidad que enfrentaban y con qué medios lo hicieron.
El Informe Delors de la UNESCO de 1996 especificó como elementos imprescindibles de una política educativa de calidad, la necesidad de que ésta abarque cuatro aspectos: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir con los demás y aprender a ser. Los dos primeros aspectos son los que se enfatizan tradicionalmente y se trata de medir para justificar resultados. Los dos últimos son los que hacen a la integración social y a la construcción de ciudadanía. Para el desarrollo de los últimos (y también de los primeros) sirven los programas que promueven la resiliencia en las escuelas.
La construcción de la resiliencia en la escuela implica trabajar para introducir los siguientes seis factores constructores de resiliencia (Henderson y Milstein, 2003):
1. Brindar afecto y apoyo proporcionando respaldo y aliento incondicionales, como base y sostén del éxito académico. Siempre debe haber un “adulto significativo” en la escuela dispuesto a “dar la mano” que necesitan los alumnos para su desarrollo educativo y su contención afectiva.
2. Establecer y transmitir expectativas elevadas y realistas para que actúen como motivadores eficaces, adoptando la filosofía de que “todos los alumnos pueden tener éxito”.
3. Brindar oportunidades de participación significativa en la resolución de problemas, fijación de metas, planificación, toma de decisiones (esto vale para los docentes, los alumnos y, eventualmente, para los padres). Que el aprendizaje se vuelva más "práctico", el currículo sea más "pertinente" y "atento al mundo real" y las decisiones se tomen entre todos los integrantes de la comunidad educativa. Deben poder aparecer las “fortalezas” o destrezas de cada uno.
4. Enriquecer los vínculos pro-sociales con un sentido de comunidad educativa. Buscar una conexión familia-escuela positiva.
5. Es necesario brindar capacitación al personal sobre estrategias y políticas de aula que trasciendan la idea de la disciplina como un fin en sí mismo. Hay que dar participación al personal, los alumnos y, en lo posible, a los padres, en la fijación de dichas políticas. Así se lograrán fijar normas y límites claros y consensuados.
6. Enseñar "habilidades para la vida": cooperación, resolución de conflictos, destrezas comunicativas, habilidad para resolver problemas y tomar decisiones, etcétera. Esto sólo ocurre cuando el proceso de aprendizaje está fundado en la actividad conjunta y cooperativa de los estudiantes y los docentes.
Bibliografía
Bibring, E.: “The conception of the repetition compulsion”, Psycoanalitic Quaterly, vol. XII, nº 4, 1943, pág. 486.
Cyrulnik, B.: La maravilla del dolor, Barcelona, Granica, 2001, pág. 16 y sig.
Freud, S. (1929): El malestar en la cultura, O. C., Buenos Aires, Amorrortu, 1976.
— (1938): Buenos Aires, Amorrortu, 1976, pág. 203 y sig.
Grotberg. (1997): “La resiliencia en acción”, trabajo presentado en el Seminario Internacional sobre Aplicación del Concepto de Resiliencia en Proyectos Sociales, Universidad Nacional de Lanús, Fundación Van Leer, 1997.
Henderson, N. y Milstein, M: Resiliencia en la escuela, Buenos Aires, Paidós, 2003.
Marrone, M.: La teoría del apego, Madrid, Psimática, 2001, pág. 54.
Melillo. (2002): “Sobre la necesidad de especificar un nuevo pilar de la resiliencia”, en “Resiliencia y subjetividad - Los ciclos de la vida” (en prensa).
Melillo, A.; Soriano, R.; Méndez, A. y Pinto, P.: “Salud comunitaria, salud mental y resiliencia”, en “Resiliencia y subjetividad - Los ciclos de la vida” ( en prensa).
Melillo: “Proyecto de construcción de resiliencia en las escuelas medias”, presentado en la Secretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, 2004.
Suárez Ojeda, N.: Resiliencia. Descubriendo las propias fortalezas, Buenos Aires, Paidós, 2001, pág. 72 y sig.
Walsh, F.: “El concepto de resiliencia familiar: crisis y desafío”, en Sistemas familiares, año 14, nº 1, marzo de 1998, pág. 11.
Werner, en WALSH, F.: “El concepto de resiliencia familiar: crisis y desafío”, en Sistemas familiares, año 14, nº 1, marzo de 1998, pág. 11
Zuckerfeld: “Psicoanálisis actual: tercera tópica, interdisciplina y contexto social”, presentado en el III Congreso Argentino de Psicoanálisis y II Jornada Interdisciplinaria, Córdoba, 1998.
— : “Psicoanálisis, vulnerabilidad somática y resiliencia”, en Internet, página en Resiliencia, 2002.
Libros sobre resiliencia en español:
Resiliencia. Descubriendo las propias fortalezas, Aldo Melillo y Néstor Suarez Ojeda (comps.), Buenos Aires, Paidós, 2001.
La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia, Boris Cyrulnik, Barcelona, Granica, 2001.
La felicidad es posible, Stefan Vanistendael y Jacques Lecomte, Barcelona, Gedisa, 2002.
La resiliencia: resistir y rehacerse, Michel Manciaux (comp.), Barcelona, Gedisa, 2003 .
Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, Boris Cyrulnik, Barcelona, Gedisa, 2002.
El encantamiento del mundo, Boris Cyrulnik, Barcelona, Gedisa, 2002.
Resiliencia en la escuela, Nan Henderson y Mike Milstein, Buenos Aires, Paidós, 2003.
Habilidades
La resiliencia es un conjunto de atributos y habilidades innatas para afrontar adecuadamente situaciones adversas, como factores estresantes y situaciones riesgosas.
Algunos autores definen a la Resiliencia como la capacidad de respuesta inherente al ser humano, a través del cual se generan respuestas adaptativas frente a situaciones de crisis o de riesgo. Esta capacidad deriva de la existencia de una reserva de recursos internos de ajuste y afrontamiento, ya sean innatos o adquiridos. De este modo la resiliencia refuerza los factores protectores y reduce la vulnerabilidad frente a las situaciones riesgosas (abuso de drogas, suicidio, embarazo temprano, fugas de hogar, etc.)
Algunas características de la Resiliencia:
Habilidad para enfrentar eficaz y adecuadamente situaciones adversas y eventos traumáticos, además del desarrollo el potencial de ajuste individual o del sistema.Es dinámica, varía a lo largo del tiempo de acuerdo con las circunstancias. Con el desarrollo del individuo o del sistema y con la calidad de estímulos a los que están expuestos.Para nutrirse y fortalecerse requiere del apoyo social y de la disponibilidad de recursos, oportunidades y alternativas de ajuste como factores protectores.Si bien la resiliencia comprende una serie de características y habilidades de ajuste propias del individuo o sistema, por lo general se evidencia en situaciones adversas o de riesgo.
Características de los Niños y Jóvenes Resilientes
Los seres humanos nacen con la capacidad de hacer frente a las demandas del ajuste de su medio, de desarrollar habilidades sociales y comunicativas, una conciencia crítica, autonomía y propósitos para el futuro. El desarrollo y el reforzamiento de la misma requiere de la estimulación contextual, familiar y de los pares.
Características de los niños Resilientes:
Estos niños suelen responder adecuadamente frente a los problemas cotidianos, son más flexibles y sociables, predominancia de lo racional, buena capacidad de auto-control y autonomía. En cuanto a lo familiar, no han sufrido separaciones o pérdidas tempranas y han vivido en condiciones económicas y familiares relativamente estables presentando con frecuencia características de personalidad o habilidades entre las que se puede mencionar:
Adecuada autoestima y autoeficacia.Mayor capacidad de enfrentar constructivamente la competencia y aprender de los propios errores.Mejores y más eficaces estilos de afrontamiento .Capacidad de recurrir al apoyo de los adultos cuando sea necesario.Actitud orientada al futuro.Optimismo y mayor tendencia a manifestar sentimientos de esperanza.Mayor coeficiente intelectual. Capacidad empática.Accesibilidad y buen sentido del humor.
Estos rasgos y habilidades pueden verse reforzados por la influencia positiva del medio familiar y el apoyo de otros adultos significativos en la vida del niño. Según Loesel (1992) los niños resilientes suelen vivir en un clima educacional abierto y con límites claros; cuentan con modelos sociales que motivan el enfrentamiento constructivo, comparten responsabilidades sociales y se ven estimulados por la existencia de expectativas de logros realistas por parte de los adultos.
Características de los Jóvenes Resilientes:
Muestran también una serie de características que se asocian directamente con la capacidad de afrontar adecuadamente los problemas cotidianos, las cuales se relacionan con el propio desarrollo personal. Los jóvenes resilientes presentan, entre otras características comunes :Adecuado control de emociones en situaciones difíciles o de riesgo, demostrando optimismo y persistencia ante el fracaso. Habilidad para manejar de manera constructiva el dolor, el enojo, la frustración y otros aspectos perturbadores.Capacidad de enfrentar activamente los problemas cotidianos.Capacidad para obtener la atención positiva y el apoyo de los demás, estableciendo amistades duraderas basadas en el cuidado y apoyo mutuo.Competencia en el área social, escolar y cognitiva; lo cual les permite resolver creativamente los problemas.Mayor autonomía y capacidad de auto observación.Gran confianza en una vida futura significativa y positiva, con capacidad de resistir y liberarse de estigmas negativos.Sentido del humor flexibilidad y tolerancia.
Ambientes que Favorecen la Resiliencia:
a) La presencia de adultos accesibles, responsables y atentos a las necesidades de niños y jóvenes. Pueden ser padres, tíos, abuelos, maestros u otras personas que muestren empatía, capacidad de escucha y actitud cálida. Además es importante que expresen su apoyo de manera que favorezca en los niños y jóvenes un sentimiento de seguridad y confianza en sí mismos .
b) La existencia de expectativas altas y apropiadas a su edad, comunicadas de manera consistente, con claridad y firmeza. que le proporcionan metas significativas, lo fortalezcan y promueven su autonomía, y le ofrezcan oportunidades de desarrollo.
c) La apertura de oportunidades de participación: los adultos protectores son modelo de competencia social en la solución de problemas, pudiendo proporcionar oportunidades para que los niños y adolescentes participen y en conjunto, aprendan de los errores y contribuyan al bienestar de los otros, como parte de un equipo solidario y participativo.
Greenspan (1996) enumera una serie de condiciones familiares que favorecen el desarrollo de la resiliencia en niños y jóvenes:
Dentro del sistema familiar: normas y reglas claras y respeto a las jerarquías.Apoyo entre los miembros de la familia como costumbreEstrategias familiares de afrontamiento y eficacia.Práctica de un estilo de crianza, donde el adecuado uso del tiempo libre, la internalización de valores, al amor y el respeto enmarcan el estilo de vida de los hijos.Expectativas positivas de los padres sobre el futuro de los hijos. Responsabilidades compartidas en el hogar. Apoyo de los padres en las actividades escolares de los hijos.Oportunidades de desarrollo y responsabilidades extrafamiliares (voluntariado, trabajo, estudio, etc.).
